La comodidad: el enemigo silencioso de las empresas familiares

La mayoría de mis clientes son pymes familiares. Y, siendo sincero, me gusta trabajar con dueños de negocio más que con gestores. Los dueños tienen algo especial: pasión, compromiso y un vínculo emocional con lo que han construido. Pero también tienen un enemigo silencioso que casi todos comparten: la comodidad. Eso no pasa en las multinacionales que han de mover el culo para subir el valor de la acción cada 90 días.

Lo peor es que esta comodidad no es visible en el Consejo con un cartel que diga: “Atención, estás dejando de crecer”. No. Se cuela poco a poco, como un ladrón sigiloso. Nadie en una reunión de socios dice: “Dejemos de crecer y quedémonos como estamos”. En lugar de eso, aparecen frases como: “Si esto funciona, ¿para qué cambiar?” o “Siempre lo hemos hecho así”.

El problema no es solo de los socios. A menudo, el propio CEO también se acomoda. Y no porque no tenga talento o no quiera hacer las cosas bien, sino porque liderar en una empresa familiar es complicado. Tienes que esquivar egos, evitar conflictos y, muchas veces, ceder a la presión de no incomodar, que es justamente por lo que se le paga al CEO. Total, ¿quién quiere arruinar la cena de Navidad, verdad?

¿El resultado? Una empresa que se queda donde está. No crece, no innova, no arriesga, no se equivoca. Ya nos va bien así… Mientras tanto, el mercado sigue su marcha y tú, sin darte cuenta, te vas quedando atrás. Te vas muriendo en vida.

El desafío para cualquier CEO de una empresa familiar no es fácil, pero nadie dijo que nuestro oficio lo sea: cuestionar lo que siempre has hecho y recuperar la ambición del «primer día». Porque, si no lo haces, la comodidad se convierte en el primer paso hacia el declive. Retomar el hambre de crecer y adaptar tu negocio antes de que el mercado te pase por encima.

 

Un director general que incomoda, lidera.

Si eres director general en una empresa familiar y todos están siempre cómodos contigo, algo estás haciendo mal. Los buenos directores no están para dar palmaditas en la espalda, están para retar, cuestionar y tomar decisiones que muchas veces incomodan… pero son las correctas para el negocio.

La verdadera lealtad no es callar y obedecer, sino trabajar para que la empresa crezca, aunque eso implique discusiones incómodas en las reuniones familiares. Porque un buen líder sabe que el crecimiento no nace de la conformidad, sino de la tensión bien gestionada.

¿Tu lealtad? Debe estar con la empresa, no con el ego de los demás. Incomoda, lidera y vive siempre en Day One: crecer o vender, pero nunca estancarte.

Ah, y si en Navidad uno de los socios te regala un libro de Jeff Bezos y te dice con una sonrisa: “Feliz Navidad y sigue así, siempre en Day One”, tómatelo con humor. Porque mientras tú estás pensando en cómo salvar la empresa, él seguramente cree que ya lo estás haciendo de maravilla. Spoiler: no siempre lo estás. Así que sonríe, agradece el libro y sigue haciendo las cosas como se han hecho siempre. Bezos no se hizo Bezos quedándose cómodo.

Y ahí es donde empieza mi trabajo: ayudar a que esos dueños vuelvan a tener hambre de crecer.

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