Caso real: Cómo reducir el stock sin hundir el servicio (y ganar 27.000 € en el intento)
Carlos es de esos gerentes que no paran.
Ferretería industrial en Tarragona.
3.000 referencias, cinco proveedores que le llaman cada día y 27 comerciales que visitan al mes.
Le gusta vender. Le gusta la calle. Le gusta el trato.
Lo que no le gusta… es bajar al almacén.
Y ahí radica el problema…
Un lunes a las 9:30, revisamos juntos el plan de trabajo.
— Bueno Álvaro, ¿por dónde empezamos esta semana?
— Ganar dinero con sistema, como siempre, Carlos. Hoy toca el stock.
Le pongo la foto delante:
— Tienes 80.000 € en producto parado con más de 150 días.
— Y un 83% de cumplimiento en entregas. Es decir, 17% de pedidos que no llegan a tiempo o incompletos.
Carlos se queda mirando el informe.
Lo ojea. No dice nada.
— Vale. ¿Qué necesitas?
— A Ana, tu aprovisionadora. Tres días para mí. Enteros.
— Sin problema. Toda tuya.
Bajo al almacén.
Primera impresión: orden, etiquetas, material bien colocado.
Pero hay demasiado de todo.
Y cuando hay demasiado de todo, casi siempre es porque nadie ha decidido qué sobra.
Pregunto:
— ¿Quién lleva el tema del inventario?
Paco, el jefe de almacén, se gira con cara de “yo qué sé”.
— Yo voy pidiendo según veo. A mí nadie me dice nada. Compras pide lo suyo, y cuando llega, pues se guarda.
— ¿Y estas 147 referencias? No se mueven desde hace 9 meses.
— Ah… eso es por si acaso.
Por si acaso.
Dos palabras que en la pyme significan: “No tengo datos, así que mejor no toco nada”.
Le miro:
— Paco, si nadie es responsable de este dato, nadie se mueve.
A partir de hoy, lo eres tú.
Y nos pusimos.
Hicimos inventario.
Agrupamos por rotación.
Identificamos excedentes.
Y con ayuda de Ana, colocamos el stock muerto entre 8 clientes.
Un 40% de descuento medio… y nadie protestó.
¿Sabes por qué? Porque eran productos que sabíamos que necesitaban.
No era rebaja por desesperación. Era venta con cabeza.
Dos días después, subo al despacho.
Carlos me recibe con una sonrisa.
— Álvaro, yo de esto ni idea. Yo estoy más en ventas, tú ya sabes…
— Sí, Carlos. Lo sé.
Pero si no hay nadie que mire por ti lo que tú no miras… te acabará explotando.
Un mes más tarde vuelvo.
Y me encuentro a Paco con otra actitud.
Y a Ana liderando lo que antes era un caos.
Resultados:
— Stock medio de 48 días bajado a 27
— Nivel de servicio del 83% al 94%
— Y 27.000 € en liquidez recuperados
Más margen.
Menos improvisación.
Y una empresa que empieza a entender que esto va de sistema, no de intuición.
¿El broche?
Propuse algo muy sencillo:
Ascender a Ana como Analista de Sistemas.
Porque el sistema no se sostiene solo.
Y la cultura de mejora continua necesita responsables, no héroes agotados.
Mide. Simplifica. Gana dinero.
Si tú también tienes “por si acasos” que nadie se atreve a mirar, quizá ha llegado el momento de poner sistema.
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