Ruido, producción y denuncias: El caso de una fábrica en Girona

Cuando conocí a Ricard, llevaba semanas durmiendo poco y gestionando demasiadas crisis a la vez.

— Álvaro, esto es un desastre. Nos han denunciado los vecinos por el ruido de la fábrica. Nos han obligado a parar varias veces y cada vez que cerramos, perdemos pedidos. Nunca pensé que esto pudiera hundirme el negocio, pero aquí estamos.

Ricard, 51 años, era el CEO de una fábrica de componentes metálicos en Girona. Su planta producía piezas para la industria automovilística y facturaba 22 millones al año. Llevaba más de dos décadas en el negocio y nunca le había preocupado el ruido. Hasta que sus vecinos decidieron que sí era un problema.

El problema.

Durante años, la fábrica había operado sin problemas. Pero la ciudad había crecido a su alrededor, y lo que antes era una zona industrial ahora estaba rodeado de viviendas.

— Las denuncias por ruido nocturno empezaron hace un año.
— El Ayuntamiento impuso límites de decibelios y ahora tenían que hacer mediciones constantes.
— En los últimos seis meses, tuvieron cuatro cierres temporales por superar los límites.
— Cada cierre costaba más de 100.000 euros en retrasos, penalizaciones y clientes enfadados.

Lo peor es que Ricard no lo vio venir. Nunca pensó que el ruido podía ser un problema tan grande hasta que le golpeó en la cuenta de resultados.

La solución.

Nos enfocamos en tres KPIs clave:

— Eliminar los paros por denuncias en menos de seis meses.
— Reducir el impacto del ruido con un plan industrial realista.
— Mejorar la relación con el Ayuntamiento y los vecinos para evitar futuros conflictos.

El plan:

Instalar barreras acústicas y modificar turnos de producción para evitar los picos de ruido en horario nocturno.
Revisar y certificar el cumplimiento normativo para anticiparse a cualquier sanción.
Abrir un canal de comunicación con los vecinos y el Ayuntamiento para resolver problemas antes de que se convirtieran en denuncias.

Ricard no estaba convencido.

— ¿De verdad tenemos que hablar con los vecinos? Si nunca se han quejado en persona…

Cómo lo hicimos.

El primer obstáculo fue el propio Ricard.

— Toda la vida hemos trabajado así, no sé por qué ahora es un problema.

Le enseñé el cálculo: cada cierre le costaba lo mismo que una inversión completa en medidas acústicas. Si no lo solucionaba, acabaría cerrando definitivamente.

El segundo obstáculo fue el equipo de producción.

— Si cambiamos turnos, se nos desajusta todo el plan de trabajo.

Probamos con ajustes mínimos en los horarios nocturnos. Resultado: la producción se mantuvo estable sin generar picos de ruido fuera del límite legal.

El tercer obstáculo fueron los vecinos.

— No vamos a hacer una reunión para que nos ataquen.

Hicimos lo contrario: les invitamos a ver la fábrica, explicamos las mejoras y ofrecimos una línea de contacto directo. Cuando sintieron que la empresa los escuchaba, dejaron de denunciar a la mínima.

El resultado.

— Cero paros por denuncias en los siguientes seis meses.
— Reducción del ruido nocturno en un 40%.
— Relaciones con el Ayuntamiento normalizadas y sin sanciones.
— Ahorro de más de 500.000 euros en costes evitados por cierres y penalizaciones.

Seis meses después, Ricard me llamó.

— Álvaro, me costó aceptarlo, pero tenías razón. Si me hubiera llevado bien con los vecinos antes, nos habríamos ahorrado un dineral.

La lección para el CEO.

Cumplir con la ley no es suficiente. Si ignoras a tu entorno, tarde o temprano te va a pasar factura.

Si los vecinos son un problema para tu negocio, es que no los has sabido gestionar.

¿Sabes qué piensan de tu empresa quienes viven cerca?

Si no lo sabes, prepárate para descubrirlo de la peor forma.