Toma de decisiones
Junto con la solución de problemas y el pensamiento creativo, la toma de decisiones es, en mi experiencia, una de las tres herramientas fundamentales que toda persona debe dominar. Tomar decisiones es en síntesis saber escoger, con intuición y el menor número de datos posibles, la mejor opción, siempre de forma práctica. Esta habilidad, como cualquier otra, se adquiere con la práctica.
La palabra decisión proviene del latín decidere que significa cortar. Cortar con una situación no deseada que mejore. De tu acierto en tu pensamiento y ejecución de dicha decisión, se obtendrán buenos o malos resultados para tu empresa.
Tomar decisiones de forma rápida es una gran ventaja que te diferenciará de tus competidores. Dos son las claves principales para poder hacerlo:
1. Hacer que se tomen en la primera línea del negocio sin depender de mandos intermedios ni que participe la dirección (clásico modelo Agile). El modelo clásico, donde se acorta la distancia entre la dirección y la primera línea de la empresa. las incertidumbre se reducen cuando se hablan a quienes las viven. Y
2. reducir progresivamente la cantidad de información necesaria para la toma de decisiones, pasando de p.e. el 70% de los datos al 45%. Ese camino, al igual que el primero, es altamente complejo, pero con disciplina y un buen sistema, se puede conseguir.
Como cualquier tema, debes tener un sistema para tomar decisiones. Un marco. Y ese marco se estructura en seis pasos que jamás, repito, jamás, debes saltarte ya que el pensamiento no es un proceso ordenado (te recuerdo que diariamente tenemos del orden de 60.000). Da igual si son grandes o pequeñas decisiones. Independientemente del impacto, no te apartes del marco que te voy a explicar. 1. Define tu objetivo, 2. Reúne información que consideres relevante. Datos no impresiones, 3. Genera alternativas de forma creativa, 4. Toma la decisión, 5. Ejecuta y controla, 6. Evalúa el resultado. Un punto fundamental en la toma de decisiones es la velocidad a la que seas capaz de tomarlas. En el pasado podíamos permitirnos un proceso mucho más lento y hasta que no teníamos un 100% de la información necesaria, no decidimos. Hoy en día, el coste de oportunidad de salir al mercado es tan alto que nos vemos obligados a decidir mucho más rápido. No digo con esto que pese más la intuición que la calidad del dato, pero sí que en mi experiencia, los grandes líderes toman buenas decisiones cada vez con menos datos, del orden del 40 al 70%. Con respecto a las opciones, me gusta más la palabra opción que no alternativa, al igual que en una buena selección de personal debe haber tres candidatos, genera siempre tres opciones viables. Ni más, ni menos. Viable quiere decir que pasa por el tamiz de que al implementarla, consiga el objetivo propuesto. ¿Me sigues? Calcula el riesgo, haz el DAFO, calcula las consecuencias y el impacto que tendrá en su ejecución. Simula y proyecta con precisión láser cómo la persona o equipo responsable llevará a cabo la ejecución. Decide el Punto de No Retorno (PNR), que es el punto o momento en el que ya no podrás cambiar de opinión. Por eso has nacido. Eres el CEO y no puedes fallar.
Procura no sentirte inseguro. Para ello no pierdas de vista tu propósito y objetivos estratégicos. Muchas veces postergamos la toma de decisiones en una búsqueda infinita de información porque no nos sentimos seguros. No te puede pasar. Piensa hasta que te duelan los sesos si hace falta pero nunca postergues las decisiones importantes.
¿Hasta qué punto debes compartir tu pensamiento y consultar con los demás? Otro error habitual, es el consenso excesivo. Es evidente que cuanto más se comparten las decisiones, mayor probabilidad de que la calidad de la decisión sea alta. Aún siendo así, los plazos hoy en día no te van a permitir una gran consenso por lo que debes estar muy atento y saber escuchar bien al mercado a cada uno de tus colaboradores y actores que participan en él. De esa habilidad que tu tengas como líder, obtendrás tu productividad real a la hora de tomar buenas decisiones. Nadie va a poder decidir por ti y tampoco nadie conoce mejor que tú lo que le conviene a la empresa. Hablo siempre en líneas generales. No te pierdas ni engañes a ti mismo disfrazándose de un falso consenso que, en la mayoría de los casos, te dan porque eres quien manda.
Preguntas para la acción (sí/no): 1. ¿Tienes claro tu propósito? 2. ¿Has acordado las metas y objetivos con tu equipo?, 3. ¿Han participado en el proceso de valoración de opciones viables? 4. ¿Has buscado y conseguido el consenso de las personas clave para proceder a una correcta ejecución? 5. ¿Has pensado bien en tu responsable que lo ejecute? 6. ¿Tienes una metodología de trabajo que asegure el aprendizaje de las lecciones de éxito o fracaso que se vayan produciendo (pienso en Scrum p.e.?