Sin sistemas no hay negocio

Hoy estoy en Celrà, Girona.
05:45 AM.
Madrugón en planta.

Estoy con Jordi, CEO de un gran matadero de despiece.
Un tipo brillante, ingeniero, 42 años.
Lleva ocho al frente del negocio, levantándolo a base de esfuerzo y muchas —muchísimas— horas.
Unas 16 al día, dice mientras caminamos.

Arrancamos el turno a las 6:00.
Nada más llegar, me suelta:

— Vamos, Álvaro. Te enseño la nave y te sitúas.

Y ahí empieza el paseo.
Sin corbatas. Sin PowerPoints.
Un Gemba walk como Dios manda.

La planta está en marcha.
Operarios concentrados. Cuchillos afilados. Ruido de fondo. Frío.
Todo parece ir sobre ruedas.

Pero mientras paseamos, Jordi me confiesa lo que de verdad le preocupa:

— A mí lo que me gusta es comprar y vender. Pero no soy organizado…
Y me he dado cuenta de una cosa, Álvaro:

Sin sistemas no hay negocio. No voy a poder crecer.

Y ahí está.
Un CEO que lo ha hecho todo a pulmón,
pero que ya ha entendido que con eso no basta.

Porque suena bien decir que “el negocio va bien”… hasta que preguntas por qué no deja margen.

Y entonces salen los agujeros, los ladrones silenciosos que todos tenemos en la empresa:

  • Una rotación de personal del 6 % al mes.

  • Cero sistema para cuadrar turnos.

  • Nadie sabe cómo formar bien a los nuevos.

  • Y encontrar mano de obra cualificada se ha vuelto misión imposible.

Se apoya sobre todo en operarios rumanos —que, como él dice, son los mejores para esto—
pero el idioma es una barrera constante.
Retrasa. Confunde. Agota.

Sí, el negocio funciona.
Pero no sabe por qué no gana dinero.

Y la respuesta es clara: no hay sistema.

Sin sistema no hay control.

Sin sistema no hay mejora.
Sin sistema… no hay negocio que aguante.

Y desde luego, no hay forma de crecer.

Las buenas empresas no se construyen echando más horas.
Se construyen con mejores sistemas.
Con procedimientos claros. Con rutinas. Con orden.
Con un modelo que no dependa del jefe estando encima cada día.

Yo no vengo a decirte cómo cortar más carne.
Vengo a ayudarte a que tu empresa no se corte sola.

Por eso trabajo como simplificador profesional.
Y por eso mi método funciona:

Mide. Simplifica. Gana dinero.

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