Un director general acababa de recibir la noticia de que pronto iba a liderar un gran proceso de auditoría en su compañía. Estaba muy contento e impaciente por demostrar resultados inmediatos.

Un día, su auditor de confianza fue a visitarle a la oficina.

—Recuerde bien este consejo —le dijo—. No pierda jamás la paciencia. Porque si es capaz de ser paciente con su equipo y con los procesos, todos lo apreciarán más y los resultados llegarán.

—Sí, lo haré —respondió el director, confiado.

Pero cada semana el auditor volvía a reunirse con él para darle el mismo consejo. Una, dos, tres veces, hasta cinco.

Cansado, el director le dijo cabreado:

—Oye, Navarrete, ¿te crees que soy tonto? ¡Ya te he oído! ¡Es la quinta vez que me lo repites!

Y el auditor, sereno, le respondió:

—¿Ve? No es fácil tener paciencia. Ya se lo dije. Escuchar consejos es sencillo; lo difícil es ponerlos en práctica.

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“La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte.”

—Immanuel Kant

“La paciencia y el tiempo hacen más que la fuerza y la violencia.”

—Jean de La Fontaine

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