«La simplicidad es la máxima sofisticación.» – Steve Jobs

Fíjate.

Una de las cosas que más admiro de Steve Jobs es cómo entendió el poder del uno.

Me refiero a esa filosofía de que menos es más. Como cuando diseñaron el iPhone, que en lugar de ponerle veintitrés mil botones, optaron por uno solo. Un botón que lo hacía todo. Y mira el resultado: revolucionó el mercado.

Equivocadamente creemos que simplificar es simplemente eliminar lo superfluo y ya está. Pero la realidad es que simplificar es un proceso que exige pensar mucho, y pensar bien.

Es un ejercicio de profundización, de llegar al corazón de las cosas.

Simplificar no es hacer menos, es hacer solo lo importante.

Como Marie Kondo, que solo se queda con aquellas prendas que le transmiten buen rollo.

¿Qué pasaría si aplicaras esto en tu empresa?

De repente, todos en el equipo sabrían exactamente en qué concentrarse.

Menos objetivos, pero más claros.

Menos jefes y menos niveles.

Menos pasos.

Menos órdenes y menos reuniones.

No más líos ni esfuerzos dispersos. Todos alineados, todos tirando del carro en la misma dirección.

Más compromiso individual y de equipo.

Eso sí.

Menos es más.

Porque al final, la simplicidad es claridad, es eficiencia y, sobre todo, es tranquilidad.

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