No Bi, TRi-PO_LAR.

9:00 de la mañana.
Llego al business center de Agbar, en Barcelona.
Estamos trabajando en un proyecto para mejorar los guiones de televenta de un buen cliente.

Y según entro, se me planta delante María, la jefa de turno:


— Álvaro, no puedo más.
— ¿Qué pasa ahora?
— Kim está insoportable. Hoy se ha debido de tomar la caja entera de pastillas.

Kim es su jefe.


Y sí, tiene más cambios de humor que una montaña rusa:


a las 9 te felicita,

a las 11 te grita,

a las 13 te quiere invitar a comer,

a las 15 te vuelve a gritar y,

a las 17 te abraza y quiere minitos de reconciliación porque se siente culpable.


Y mañana, todo vuelve a empezar.

Cuando el humor del jefe lo decide todo.

El problema no es solo que Kim sea impredecible.
Es que todo el equipo está condicionado por cómo se levante él cada día.

Si entra sonriendo, se trabaja con buen rollo.
Si entra con cara de querer matar a alguien, se paraliza todo.
Y así, la motivación, el foco y las decisiones dependen más del carácter del jefe que de lo que realmente importa.

La empresa se convierte en una especie de reality emocional.
Y el negocio, en lugar de avanzar, sobrevive entre picos de euforia y miedo.

Lo emocional no puede mandar sobre el sistema.

A mí me gusta decir que el sistema tiene que mandar más que las emociones.
Y eso se consigue de forma muy simple (que no fácil):

  • Con procesos claros.

  • Con roles definidos.

  • Con indicadores que digan qué va bien y qué va mal.

  • Y con un entorno donde el equipo no tenga que adivinar el estado de ánimo del día.

Porque al final, el mejor jefe que puedes tener eres tú mismo.
El que se organiza. El que toma decisiones con datos.
El que no tiene que levantar la voz porque tiene un sistema que ya lo ordena todo.

¿Y si el jefe resta?

Es una pregunta incómoda.
Pero necesaria.

¿Para qué necesitas un jefe si, encima de no aportar, resta?

Las empresas que funcionan no son las que más trabajan, ni las que más improvisan.
Son las que tienen sistemas que les permiten crecer sin depender del humor de nadie.

Yo no medico a jefes.
Pero simplifico entornos donde la gente puede trabajar sin mirar al techo cada mañana para ver cómo viene el día.

Mide. Simplifica. Y que funcione.
Punto.

Recibe gratis 1 truco a la semana. Más de 17.000 CEOs ya lo hacen.
* indica que es obligatorio

* Utilizamos Mailchimp como plataforma de marketing. Al hacer clic a continuación para suscribirte, aceptas que tu información se transferirá a Mailchimp para su procesamiento. Más información sobre las prácticas de privacidad de Mailchimp. Puedes cancelar la suscripción en cualquier momento haciendo clic en el enlace que aparece en el pie de página de nuestros correos electrónicos. Para obtener información sobre nuestras prácticas de privacidad, visita nuestro sitio web.

Ir al contenido