La auditoría más cara no es la financiera ni la de calidad. Tampoco la de procesos.

La más cara es la auditoría ética.

Cuando reviso principios y valores en una empresa, no estoy mirando si un papel está firmado o si falta un procedimiento. Estoy entrando en lo más íntimo: en cómo se decide, cómo se lidera, cómo se trata a la gente y cómo se gestionan las relaciones con clientes y proveedores.

Ahí es donde realmente se mide la solidez de una organización.
Un error de proceso se corrige. Un error ético se paga en reputación, confianza y, al final, en dinero.

Por eso la auditoría ética tiene tanto valor, porque señala si lo que dices como empresa es coherente con lo que haces en la práctica. Y esa coherencia es la que hace que un equipo se quede, que un cliente repita o que un socio confíe en ti.

Yo lo veo así: la ética no es un coste, es un activo. Y cuanto antes la midas, más protegido estará tu negocio.

Un ethical auditor es como un “notario externo de la ética”: analiza si lo que la empresa dice (sus valores, códigos de conducta, políticas de RSC, ESG, compliance, etc.) coincide con lo que hace realmente en la práctica.

Ejemplos prácticos

  • Una empresa textil contrata un ethical auditor para certificar que sus fábricas en Asia no usan mano de obra infantil.

  • Un banco recurre a este perfil para comprobar que su sistema de incentivos a comerciales no genera ventas engañosas.

  • Una farmacéutica lo usa para revisar la transparencia en la relación con médicos y hospitales.

¿Cómo saber la salud de tu ÉTICA en la empresa? Algunas preguntas que debes saber responder.

El checklist que uso con CEOs no es un examen, es un espejo.
Y la mayoría de las veces, lo que más sorprende no es lo que falta en los papeles, sino lo que falta en la cultura.

Por ejemplo:

1. Código ético: ¿Existe un código ético escrito? ¿Se ha comunicado a todo el personal y proveedores?

2. Canales de denuncia: ¿Tenéis un canal confidencial para que los empleados denuncien irregularidades sin miedo a represalias?

3. Conflictos de interés: ¿Cómo gestionáis las relaciones con proveedores y clientes para evitar favoritismos o sobornos?

4. Condiciones laborales: ¿Los empleados cumplen su jornada dentro de la legalidad? ¿Se pagan horas extra?

5. Igualdad y diversidad: ¿Hay políticas claras sobre igualdad de género y no discriminación? ¿Se aplican de verdad?

6. Cadena de suministro: ¿Comprobáis que vuestros proveedores cumplen la ley laboral y medioambiental?

7. Transparencia: ¿Cómo se informa a clientes y empleados sobre políticas de privacidad, protección de datos o cambios relevantes?

8. Salud y seguridad: ¿Se cumplen las normas básicas de seguridad laboral? ¿Hay formación y equipos adecuados?

9. Medioambiente: ¿La empresa mide y controla su impacto ambiental (residuos, emisiones, consumo de energía)?

10. Cultura organizativa: ¿Los empleados perciben coherencia entre lo que la empresa dice (valores) y lo que realmente hace?

Estas preguntas son el punto de partida. Si las respuestas son pobres, contradictorias o “no existen”, el ethical auditor detecta un riesgo ético que la pyme debería resolver.

Ahora la pregunta incómoda para ti es:
¿Quieres crecer corrigiendo procesos… o construir una empresa que la gente respete de verdad?

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