¿Tienes un negocio o un pozo sin fondo?

Hoy te doy la conclusión al principio por si vas con poco tiempo.

Un negocio que no rinde a los tres meses no es una inversión: es una condena. Estás quemando los ahorros de tu familia o de tus accionistas para financiar una fantasía que el mercado ya te ha dicho que no quiere comprar. Corta ya.

Fíjate en los chinos cuando abren un negocio en el barrio.

Da igual si es un «todo a cien», un restaurante de menú a 11 € (sí, todavía queda alguno…) o un bar de raciones. Tienen un olfato para el dinero que ya querríamos los demás.

Si a los tres meses la caja no va como Dios manda, cierran. Sin lloriquear y sin excusas. Remodelan el local y a la semana siguiente te han montado un salón de uñas de esos que ahora hay en cada esquina.

Ni se engañan ellos, ni pierden el tiempo intentando convencer al barrio de algo que no quiere. Si el dinero no entra hoy, la persiana se baja mañana.

Tengo varios clientes chinos y te aseguro que no han pisado una escuela de negocios en su vida, ni falta que les hace. No pierden el tiempo con canvas ni estudios de localización; ellos abren, y si los números no les gustan, cortan por lo sano y a otra cosa.

¿Por qué entonces la mayoría de emprendedores que montan algo de cero, o de empresarios ya consolidados (que tiene todavía más delito), abren una sucursal nueva y se tiran doce meses palmando pasta?

Mientras tú sigues esperando el milagro, tu caja se desangra por estos 5 motivos que veo una y otra vez en mi «ranking de estupidez empresarial»:

  1. El orgullo de Manuel (Taller Industrial): Se gastó 350.000 € en una máquina de corte por agua. Al cuarto mes facturaba 4.000 € y perdía 6.000 € solo en mantenerla. Aguantó un año y medio «por no reconocer que la había cagado». Resultado: 100.000 € de agujero que casi se cargan el taller de toda la vida.

  2. La ceguera de Elena (Tienda de ropa): Se empeñó en meter «ropa de montaña de lujo» en su tienda de barrio. En 6 meses vendió tres chaquetas. Decía que «el cliente se tenía que acostumbrar». La realidad es que el cliente quería sus vestidos de 40 € de siempre, no parkas de 500 €. Perdió 30.000 € en stock que hoy se comen las polillas en el almacén.

  3. El «Ojalá» de Pedro (Distribución): Se gastó 15.000 € en una App para que los clientes pidieran solos. Ocho meses después, el 90% seguía llamando a Sandra, la administrativa, para pedir lo de siempre. Pedro metió otros 3.000 € en «formación» para forzarlos. «Despierta», le dije: si tus clientes quieren hablar con Sandra, tu app es una mala inversión. ¡Ciérrala ya!

  4. El «Parche» de Javier (Logística): Abrió una ruta a Francia con dos camiones propios. Perdía 2.000 € por viaje porque volvían vacíos. Como su negocio en España va como un tiro, usaba esos beneficios para tapar el boquete de Francia. Resultado: En un año ha quemado 48.000 € de su caja buena en un capricho que no funciona. Cada vez que veo su cuenta de resultados, se lo echo en cara…

  5. No tener un «botón del pánico»: Los chinos saben cuánto están dispuestos a perder antes de volver a subir la persiana. Tú no. Tú abres «a ver qué pasa» y cuando te quieres dar cuenta, el del banco te llama porque tu póliza de crédito está en los huesos. Y encima, has avalado con tu patrimonio personal.

Repito por si has empezado por el final:

Si en tres meses no has visto un duro de rentabilidad, no tienes una nueva línea de negocio: tienes un parásito que se está comiendo tu empresa buena. ¿Vas a esperar a que te deje seco o vas a tener los huevos de cerrar hoy?

Escríbeme a hola@alvaronavarrete.com, cuéntame qué línea de negocio te está quitando el sueño y te daré mi mejor solución. Pero por favor, deja de quemar billetes esperando un milagro que no va a venir.


Álvaro Navarrete
Simplifico empresas para que ganen más dinero.
Consultor EFQM y auditor ISO

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